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Daniela Poblete Gómez

Actualizado: 1 sept 2023

Yo me llamo Daniela Paz Poblete Gómez, soy profesora de educación básica, ceramista sonora y gestora cultural.



Yo primero estudié teatro, salí del complejo y tenía unas compañías de teatro con mis compañeros, hacía teatro escolar, participábamos en los encuentros interescolares de Teatro. Mi camino yo veía firme y derecho pal’ teatro, entonces di la prueba en la Chile la primera vez, la segunda vez quede en lista de espera y dije, ya aquí no va a resultar, entonces me metí a una escuela particular y mientras estaba estudiando teatro, mi tía Sonia Pinto que era profesora de historia de la Universidad de Chile y estudiaba el folclor, en un momento me regaló una guitarra cuando tenía como 12 años, y participe en algunos grupos que ella participaba, después armamos unos grupos acá en Maipú, porque mi mamá tenía un jardín infantil en su casa en Siglo XX con Portales, Villa Santa Carolina, ahí en el jardín nos juntábamos los fines de semana a ensayar con el grupo y decidimos cómo abrirlo a la comunidad y se hizo un taller “Taller 94”, así se llamaba, porque se hizo en el año 94’.


Después de haber estado con mis papás en varios grupos, porque a ellos les gusta mucho el folclore, dejamos el folclore y yo me metí más al teatro en el colegio, salí del colegio y me metí a estudiar teatro en la escuela del Pato Achurra, alcance a estar un año y mi papá se quedó sin pega, me tuve que salir, y recordando mis conocimientos del folclore, me puse a cantar en las micros. Primero salí a hacer teatro y hacía como cuenta cuentos, era mucho atado andar con vestuario y además ahí me metí al peda, di la prueba y me puse a estudiar pedagogía, siempre estuve cantando mientras estudié, me iba cantando y me devolvía cantando a la casa. Después me fui de mi casa y conocí a Roberto Hernández cantando en la calle, Roberto pasaba en la micro para allá y yo pasaba en la micro para acá, era bien entretenido, y bueno, nos fuimos a vivir juntos.



Un tiempo con mi mamá y mi papá armamos un grupo como andino “Amaranto”, también con unos cabros de la villa cachai’. Bueno, después conocí a Roberto, a veces tocábamos juntos, sobre todo cuando el Roberto empezó a estudiar en el taller de Luthería en la UMCE, entonces el Roberto cantaba, iba a estudiar y después volvía a cantar, eso era lo que nos daba la libertad, cantar nos permitía poder administrar el tiempo mejor. Roberto tenía a su hijo chico en ese tiempo, después vino la hija común y yo salí de la U, y me di cuenta de que tenía que seguir cantando, porque si la cabra chica se me enfermaba, el director no me iba a dar permiso para faltar po’, y en el fondo yo me hacía un sueldo similar a lo que iba a ganar de profe, y tenía la libertad.



Como cantábamos en las micros se dio esta onda, la moda de los discos, entonces nosotros también nos hicimos un home studio, grabamos nuestro repertorio y vendíamos disco, yo llegaba a la casa y me ponía a grabar, reproducir, imprimir discos pal otro día, todo lo hacíamos nosotros y bueno ya después empezamos a trabajar juntos con Roberto en la Luthería.


Yo en general veo la parte más intelectual, de gestión, pero también de una mirada estética en el instrumento, siempre que se cambia un modelo o se crea algo en el taller está por los dos aprobados, y también desde el punto de vista de la Investigación, porque en el 2018 hice un Magíster en Musicología Latinoamericana, y me di cuenta de que en realidad la pedagogía nunca fue, pero me di cuenta de que necesitaba más herramientas y contenido para poder ampliar la visión, no son solo instrumentos, tienen un contexto histórico, cultural, de género incluso. Después empezamos con las exposiciones, y las exposiciones también tenían que tener un contexto, en qué vamos a enmarcar este trabajo creativo, qué vamos a hacer, hagamos una línea, no sé, de reciclaje, por ejemplo, y ahí le damos una historia en el fondo, un valor.


Hicimos varios FONDART de creación en artesanía con trabajos así po’, dándole una línea y también empezamos a investigar instrumentos patrimoniales, la bandola aymara, el guitarrón chileno, la vihuela campesina, y esos trabajos después los tirábamos al sello de excelencia y ahí tuvimos varios premios.



Bueno, y así llegamos también a este espacio “Casa Taller Museo de Luthería y Organología”. Roberto empezó a hacer clases en el 2013 más o menos en el taller y se nos empezó a hacer chico el espacio, entonces empezamos a salir a conseguirnos espacios para hacer, además de la exposición, actividades musicales vinculadas también a los instrumentos que estábamos mostrando, también empezamos a ver que eso era mucho esfuerzo, entonces en esta etapa quisimos fortalecer más nuestra casa taller y dijimos, tenemos que buscar un lugar donde podamos, así como tenemos los talleres, exponer y hacer nuestras actividades, porque al final nuestros hijos están vinculados al arte y también queremos que ellos comprendan que esto es una forma de vida y que vivir del arte no es un trabajo solo, es un trabajo en equipo.

Tuvimos la suerte que todo se engranó y que pudimos vender nuestra casa y comprar este espacio en la Villa San Luis 2, donde hay vecinos en situación de calle, hay droga, hay prostitución, pero también hay arte, que nuestros mismos vecinos puedan darse cuenta de que también hay otras formas de vivir en la población y de trabajar con la gente. Acá se han presentado bandas de aquí mismo, pero también internacionales y los vecinos pueden venir a verlos. Un show que haci’ en el centro el poblador no puede salir de su pega e ir a verlo, no puede por ningún motivo, aunque quisiera, porque de la pega llega a las 8 o 9 de noche a su casa, entonces acá tiene la opción de algo más cercano para ellos.

Acá tenemos un pequeño museo, porque la gente no tiene acceso a conocer la inmensa cantidad de instrumentos que hay en el mundo, entonces esa es la idea de nuestro espacio.


Bueno, yo me puse a estudiar cerámica sonora precolombina, instrumentos musicales inspirados en los pueblos ancestrales, entonces yo doy un taller y Roberto igual, así que tenemos un grupo de aprendices. Y bueno, es liberador hacer esto en este sistema, poder trabajar en algo en que uno pueda administrar su tiempo, su vida, poder dedicarle tiempo a la familia en medio del trabajo, es algo que no tiene precio en este sistema tan esclavizante.


Yo creo que es una elección política estar acá, porque podríamos estar en Barrio Brasil, pero si nuestros hijos iban a crecer en Maipú, en este territorio, entonces teníamos que transformarnos desde el territorio, porque si salimos a comprar y vemos al pasturri’ de la esquina, eso es lo que está pasando y ellos tienen que saber que esto pasa.


Conoce un poco más sobre la creativa:


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